Historia del Simapro
La historia del Sistema de Avance y Medición de la Productividad (Simapro) tiene ya treinta años. El profesor estadounidense Robert D. Pritchard, actual docente en la University of Central Florida, encabezó a fines de la década del setenta y comienzos de los años ochenta, una serie de investigaciones que resultarían en esta metodología, cuyo nombre en inglés es ProMES (Productivity Measurement and Enhancement System).
Junto con otros académicos, en 1980 publicó la teoría NPI. En ella planteaba que la motivación podía cumplir un rol esencial en la mejora del trabajo y de la productividad de una empresa. Para que ello ocurriera las personas debían ver una relación directa entre su esfuerzo y el producto de su trabajo, que su labor fuese valorada y que se establecieran consensos acerca de qué significa realizar bien una tarea y cómo este desempeño se va a evaluar.
Al mismo tiempo, Pritchard buscaba la manera de lograr una manera eficaz y viable de aplicar estos conceptos en las empresas para mejorar la motivación y el rendimiento. Comenzó a aplicar la retroalimentación como una forma de mejorar la productividad laboral, por medio de un programa de investigación financiado por el Laboratorio de Recursos Humanos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. El objetivo era analizar las diversas maneras en que la retroalimentación podía ser entregada.
Finalmente, el último empujón para desarrollar su trabajo llegó en 1983, nuevamente de la mano de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. La institución estaba interesada en la fijación de objetivos y la retroalimentación de grupos para lograrlos. Pritchard desarrolló un estudio de cuatro años (1983-1987). Para 1988 la primera experiencia de ProMES estaba probada.
El académico publicó los resultados en un libro en 1990, cuya adaptación al alemán se realizó en 1993. Dos años más tarde, en el marco del Programa de Cooperación Técnica de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Simapro llegó a Latinoamérica. De la mano del economista holandés Leonard Mertens, la metodología se aplicó con éxito en la industria azucarera mexicana, adecuando los tiempos de aplicación y las sistematizaciones. Lo siguieron República Dominicana (1997), Cuba (2000) y Chile (2007). Mertens ha sido el encargado de la OIT para realizar las adecuaciones metodológicas en cada país y de seguir el impacto del Simapro.
En 2007, Interfases Consultores S.A., el OTEC Interfases Capacitación y el OTIC Agrocap estudiaron la posibilidad de implementarlo en nuestro país. Entre 2007 y 2008 se hizo un estudio exploratorio en los trabajos de cosecha y packing de fruta fresca de exportación, con el patrocinio de la Oficina Subregional para el Cono Sur de América Latina de la OIT y la Asociación de Exportadores de Chile A.G. (Asoex). En este contexto, Chile es una experiencia pionera: es el primer país de América del Sur donde se aplica el Simapro y, al mismo tiempo, la primera ocasión en que se hace en la fruticultura.
Los alentadores resultados motivaron la extensión del Simapro a otras empresas frutícolas. De esta manera, en marzo de 2009 se lanzó la Red Simapro Chile. Ya se está trabajando en su ampliación a otros rubros productivos.



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